Embratur invita a conocer las playas del Noreste al calor de Bahía, Ceará y Sergipe para las vacaciones de julio

Con su naturaleza exuberante y su cultura característica, el Noreste es un destino muy popular de Brasil que -a pesar de ser conocido- siempre guarda novedades y sorpresas. A continuación, las mejores opciones para las vacaciones de julio, con playas de mar, ríos y sol durante todo el año.

Trancoso e Itacaré (Bahía)

Sofisticado en su simpleza, el pequeño pueblo de Trancoso es uno de los lugares más requeridos del litoral bahiano. Si la idea es una inmersión en la naturaleza, Trancoso cumple con el ABC de lo que se denomina una playa paradisíaca: arena fina, aguas cálidas y cristalinas. Algunas de sus playas -como Itaquena y Patimirim- suelen estar semidesiertas.

Piense en el paseo playero por excelencia y allí lo encontrará. El mejor plan en Trancoso (foto) es adentrarse en recodos como la Praia dos Coqueiros, y sentarse en cualquiera de sus kioscos a degustar platos bahianos tradicionales. Playa de los Nativos, más concurrida, ofrece la posibilidad de cabalgatas, paseos en kayacs y la práctica del surf. Desde la Playa del Río Verde hasta la playa Espejo, son 16 km de arenas desiertas, pasando por las Puntas de Itaquena y de Itapororoca, y por la Barra del Río de los Frades, donde el río corre paralelo a la playa. Para elegir.

Campos de golf, vegetación frondosa, acantilados y dunas con vista al mar, son parte del paisaje de Trancoso. En la dirección opuesta, hacia Arraial d’Ajuda, hay más parajes desiertos y la Praia do Rio da Barra, de agua dulce y perfecta para contemplar la puesta del sol desde el mirador de su iglesia.

La oferta hotelera es amplia: posadas sofisticadas y casas de pescadores reformadas que se alquilan, para quienes quieren privacidad en familia o entre amigos. Para llegar hasta Trancoso se puede tomar un vuelo directo desde Buenos Aires a Salvador de Bahía con conexión hasta el Aeropuerto Internacional de Porto Seguro y desde allí en micro por carretera de tierra.

Ecoturismo

Itacaré está en la llamada costa del cacao, al sur de Bahía. Desde 1993 es un Área de Protección Ambiental (APA) y el ecoturismo es el fuerte de las operadoras de la región. Protegida por un cinturón de selva tropical, la ciudad alberga playas paradisíacas, con arenas blancas y filas de palmeras. Ríos, cascadas, bosques vírgenes, senderos, restingas y manglares completan el sorprendente escenario natural.

Itacaré ofrece condiciones para la práctica de diversas modalidades deportivas, como trekking, mountain bike, rafting, rapel (en la Praia da Ribeira y en Taboquinhas); también Stand Up Paddle y surf a lo largo del litoral, además de off-road, arborismo y mucho más. La ciudad dispone de una infraestructura completa, incluyendo desde posadas rústicas hasta resorts de lujo.

Muchos bares y restaurantes hacen de la noche de Itacaré una de las más animadas de la región. La calle Pedro Longo concentra la mayor parte de los bares y restaurantes.

Itacarezinho

A 15 kilómetros de Itacaré, la playa de Itacarezinho tiene 3,5 km de extensión y es una de las joyas de Bahía. Está rodeada por cocoteros y suele ser poco concurrida. El mar, en tonos de verde y azul, es agitado, y perfecto para quienes practican surf. De septiembre a marzo, la playa se convierte en punto de desove de las tortugas marinas, protegidas por el proyecto Tamar. En su punta norte, una cascada de agua dulce desciende de la selva tropical y cae directamente sobre la arena en un recodo conocido como Camboya.

Cumbuco y Canoa Quebrada (Ceará)

La Playa del Cumbuco (foto), a 35 km de la capital de Ceará, Fortaleza, es famosa por sus dunas.

Se trata de una de las playas preferidas de los turistas y famosa por sus recorridos en buggy por las inmensas dunas, o paseos en balsa y a caballo. El mar de aguas cálidas es ideal para relajarse y tiene un aspecto encantador. El viento es intenso, por lo que el lugar atrae a practicantes de surf y kitesurf de todo el mundo.

En medio de las dunas se encuentra la Laguna del Banana, donde las personas suben a la cima de la montaña de arena y se lanzan en «skibunda» para caer directamente en el agua.

La playa posee excelente infraestructura para turistas, con una amplia oferta de hoteles. La noche de Cumbuco es animada y la gastronomía tan simple como atractiva, basada en la oferta de pescados frescos servido con verduras.

Paseos por los médanos

A 150 kilómetros de Fortaleza, capital de Ceará, está la playa de Canoa Quebrada. Ubicado en una ensenada formada por acantilados de arenas coloridas, el pueblo aledaño es una aldea de pescadores que se convirtió en atracción turística, donde el pescado y los frutos de mar frescos son la base de una oferta culinaria sofisticada y honesta a la vez.

Cerca de la playa, detrás de los acantilados, las dunas blancas ofrecen a los aventureros la opción de contratar emocionantes paseos en buggy, sólo para espíritus aventureros.

Canyons de Xingó (Sergipe)

Prepárese para adentrarse en uno de los paisajes más inusitados -y menos conocidos- del Nordeste brasileño. A 200 kilómetros de Aracajú, capital de Sergipe, está el Canyon del Xingó, un río atrapado entre montañas rocosas que surgió tras el represamiento de las aguas del Río San Francisco para la construcción de la usina Hidroeléctrica del Xingó (inaugurada en 1994), en la frontera entre Alagoas y Sergipe.

El paseo en barco por el río San Francisco es el punto alto del viaje. El paseo empieza en la ciudad de Canindé, a 200 kilómetros de Aracajú, donde se toman los catamaranes para ir al Canyon del Xingó; el paseo dura tres horas con derecho a almuerzo, animación, zambullidas e incursiones en los pliegues de las montañas rocosas, donde las embarcaciones de mayor porte no consiguen entrar y hay que hacerlo en pequeñas canoas.

Navegar en el desierto

Son más de 60 kilómetros de extensión y el agua del río puede llegar a 190 metros de profundidad. Por lo imponente y abierto del espejo de agua, las zambullidas turísticas están limitadas a un «cerco» controlado por los guías, en el cual los pasajeros del catamarán pueden entrar sólo si están munidos de flotadores y chalecos salvavidas.

Lo inédito del paseo es sumergirse en un río en medio de uno de los parajes desérticos del Nordeste. Hace menos de 20 años, esta región -hoy inundada- estaba cubierta por la vegetación enclenque típica de los sertones. Al represar las aguas, el lecho del río San Francisco subió casi 100 metros y en sus áridos lechos montañosos se formaron los canyons que hoy maravillan a los visitantes de todo el mundo.