Ecoturismo en Brasil: tres regiones para aficionados a la naturaleza exuberante

Naturaleza tropical llena de contrastes, sorprendentes vistas y paradisíacos remansos de paz. En Brasil todo es posible, pero la conciencia sobre la frágil biodiversidad ha ido ganando espacio en las propuestas turísticas. La sustentabilidad es el eje de las opciones que se presentan a continuación.

Praia do Forte e Itacaré, Bahía

Salvador  –antigua capital del país- es la cuarta mayor ciudad de Brasil, donde la simpatía y tranquilidad de sus habitantes contrastan con el ritmo vertiginoso de sus autopistas y vías rápidas. Salvador está cercado de bellezas naturales, como la Costa dos Coqueiros, la Costa do Dendê y el Parque Nacional Chapada Diamantina. Pero entre las más accesibles está Praia do Forte, una de las más bellas de la región Noreste.

Situada a 80 kilómetros de Salvador viajando por la célebre Estrada do Coco, con sus características filas de cocoteros, es conocida como la Polinesia Brasileña. Praia do Forte es un enclave de ecoturismo con una extensión de 10 kilómetros de playas, dunas y arenas blancas, con aguas calmas, cristalinas y tibias. En la región hay una buena infraestructura de servicios y emprendimientos imperdibles como el Proyecto Tamar, dedicado a la preservación de tortugas marinas en peligro de extinción.

Itacaré está en la llamada costa del cacao, al sur de Bahía. Protegida por un cinturón de selva tropical, la ciudad alberga playas paradisíacas, con arenas blancas y filas de palmeras. Ríos, cascadas, bosques vírgenes, senderos, restingas y manglares completan el sorprendente escenario natural. Mención aparte merecen las facilidades para la práctica de diversas modalidades deportivas, como trekking, mountain bike, rafting, rapel (en la Praia da Ribeira y en Taboquinhas); también Stand Up Paddle y surf a lo largo del litoral, además de off-road, arborismo y mucho más. La ciudad dispone de una infraestructura completa, incluyendo desde posadas rústicas hasta resorts de lujo.

 

Pantanal, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul

Considerada una de las reservas de biodiversidad más importantes del mundo, el Pantanal brasileño –que abarca los estados de Mato Grosso del Sur y Mato Grosso del Norte- es un destino apetecido por los viajeros por ser un ecosistema riquísimo en flora y fauna, y meca global del turismo sustentable. Declarado patrimonio de la humanidad, la región es el hábitat de animales silvestres —cocodrilos, jaguares y pirañas— y de miles de peces y aves tropicales.

Los turistas pueden apuntarse en safaris para el avistaje de animales salvajes, caminatas en medio de la vegetación, cabalgatas por llanuras exuberantes (a veces semi inundadas) o paseos en canoas a través de la naturaleza más agreste. Las posadas de la región ofrecen paquetes de 3 a 5 días que generalmente incluyen guías para que los paseos sean seguros. Para los viajeros más curtidos, las localidades cercanas de Cuiabá y Corumbá, en Mato Grosso do Sul, bien valen el esfuerzo. El itinerario requiere un viaje en barco de 250 km por el río Paraguay (durante los meses de sequía se puede tomar la carretera Parque do Pantanal). En la estación de lluvias sólo los vehículos 4×4 logran circular de forma fluida por la zona: a lo largo de la ruta, es posible ver animales sin salir del vehículo como yacarés, tamanduás (osos hormigueros), monos y jaguares.

 

Jalapão, Tocantins

En Tocantins, estado creado apenas en 1989, los ríos, chapadas (cascadas) y montañas son el hábitat de una amplia población indígena dividida en siete etnias y con una población que supera a las 10 mil personas. Este delicado punto del mapa brasileño es un paraíso ecológico. En su capital, Palmas, la práctica de la pesca deportiva es la actividad recreativa más destacada y que se realiza en el amplio lago de 180 km de largo.

En el mismo estado se encuentra Ilha do Bananal, la isla fluvial más grande del mundo. Aunque está sumergida la mayor parte del año, posee una rica biodiversidad gracias al encuentro de la selva amazónica con el cerrado. Por esta razón, es el viaje ideal para los amantes de la plenitud vegetal: árboles de ramas retorcidas, dunas, ríos de corrientes sinuosas, mesetas y senderos. El lugar también es muy valorado por quienes practican surf de arena (sandboard), trekking, rapel, escalada y canotaje.

El Parque Jalapão se ubica a unos 300 kilómetros de Palmas, capital de Tocantins. El “cerrado” o la sabana brasileña es un paisaje natural que cuenta con ríos, formaciones rocosas y varias especies de la fauna muy atractivas para quienes practican ecoturismo. El atractivo más fotografiado en la cascada (cachoeira) do Formiga, un manantial de agua verde esmeralda. Otro de los sitios de espléndida hermosura es el Archipiélago del Tropiezo, el tercer archipiélago fluvial más grande del mundo. Sus aguas multicolores, que van desde el verde hasta el azul pasando por un espectro plateado, permite acampar y vivir a plenitud de un sitio con gran pureza.

A este circuito se le puede sumar una visita a Almas, que recibió a los primeros moradores portugueses y aunque es una ciudad histórica, poco conocida incluso para los propios brasileños, su mayor fortaleza actual es el conjunto de sus atractivos ecoturísticos que se hallan en Serra Negra, en donde el Cañón Encantado brinda a los senderistas cuatro caídas de agua simultáneas de unos 70 metros de altura, a cuyos pies se forma una playa con un lago idílico.

 

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